67.-...Laberinto sin salida...


Para minimizar los daños,
sería deseable que tuviéramos la suficiente capacidad
para aprender de nuestros errores sin olvidar lo que los provocó,
sería lo más útil porque quedaríamos expuestos a la certeza
de que no hemos venido a la vida a buscar salidas
a un laberinto que sólo tiene puerta de entrada,
y que lo más inteligente es disfrutar mientras podamos
de los pasillos que no conducen a ningún sitio.
Eso lo mejor que puede pasarnos,
merodear esa incertidumbre que es la manera que tiene la naturaleza de protegernos
 porque mientras exploramos no tenemos tiempo para asumir
 que una buena parte de las cosas que hacemos no tiene sentido
y que el absurdo, a menudo montado en la inercia de la resignación,
 es lo que rige el Universo,
una gran farsa en la que lo realmente importante
suele estar apartado porque lo tememos,
y lo tememos porque nos obliga a reconocer que no prestamos la debida atención
 a lo que vale la pena de verdad.
Lo único que vale la pena es demorarse en los instantes
 en los que podemos considerarnos felices,
a solas o en compañía de quienes hemos elegido para acompañarnos en el viaje.
¿Quién lo duda?
Y para disfrutarlos hay que mirar cara a cara a nuestros miedos y errores:
es la mejor forma de transitar por la vida sin renunciar a ninguna de sus sombras,
porque sin ellas no existiría la luz.


Texto: Tino Pertierra.


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